sábado, 30 de abril de 2011
El poema de Jane
EL POEMA DE JANE
él me enseñó a beber a pasar largas temporadas
en la cama a provocar la ira del vecindario a no sentir
en demasiadas cosas ningún tipo de vergüenza
con él también aprendí los gritos el miedo los fracasos
el olor a colonia de otros cuerpos y una frase:
cualquier forma de amor conlleva desperdicio
después de luis no me supo tan amarga la cerveza
Pablo García Casado, Las afueras, DVD ediciones, 1997.
viernes, 29 de abril de 2011
Cicatrizante.
Si os dicen que es una enfermedad, no lo creáis.
Si os dicen que es una virtud, no os preocupéis.
Si os dicen que es un vicio, un problema
o una diversión,
a veces. No sé.
Será como la costra en la rodilla.
Una necesidad.
miércoles, 27 de abril de 2011
Los nadies
LOS NADIES
Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadies con salir de pobres, que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte; pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca, ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte, por mucho que los nadies la llamen y aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con el pie derecho, o empiecen el año cambiando de escoba.
Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada.
Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos:
Que no son, aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no profesan religiones, sino supersticiones.
Que no hacen arte, sino artesanía.
Que no practican cultura, sino folklore.
Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local.
Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata.
Eduardo Galeano.
De El libro de los abrazos, Siglo XXI.
lunes, 25 de abril de 2011
"a ver si volamos." (Gonzalo Rojas)
| Papiro mortuorio Que no pasen por nada los parientes, párenlos con sus crisantemos y sus lágrimas y aquellos acordeones para la fiesta del incienso; nadie es el juego sino uno, este mismo uno que anduvimos tanto por error de un lado a otro, por error: nadie sino el uno que yace aquí, este mismo uno. Cuesta volver a lo líquido del pensamiento original, desnudarnos como cantando de la airosa piel que fuimos con hueso y todo desde lo alto del cráneo al último de nuestros pasos, tamaña especie pavorosa, y eso que algo aprendimos de las piedras por el atajó del callamiento. A bajar, entonces, áspera mía ánima, con la dignidad de ellas, a lo gozoso del fruto que se cierra en la turquesa de otra luz para entrar al fundamento, a sudar más allá del sudario la sangre fresca del que duerme por mí como si yo no fuera ése, ni tú fueras ése, ni interminablemente nadie fuera ése, porque no hay juego sino uno y éste es el uno: el que se cierra ahí, pálidos los pétalos de la germinación y el agua suena al fondo ciega y ciega, llamándonos. Fuera con lo fúnebre; liturgia parca para este rey que fuimos, tan oceánicos y libérrimos; quemen hojas de violetas silvestres, vístanme con un saco de harina o de cebada, los pies desnudos para la desnudez última; nada de cartas a la parentela atroz, nada de informes a la justicia; por favor tierra, únicamente tierra, a ver si volamos. Gonzalo Rojas, Transtierro, 1979 |
domingo, 24 de abril de 2011
Tres recurrencias de resurrección: una canción, un cuadro y un fragmento.
Dios, ten piedad de todos nosotros
y de tu gastado nombre.
Baja, y haremos una fiesta.
Pero no bajes tú, el cobarde,
el que convierte en pan los autobuses,
que baje el de antes,
el que nos hacía soñar
como un político. Eso necesitamos.
Juan Carlos Reche*
*Fragmento del poema "1989. Juan Bernier" del libro El dolor y la velocidad. Renacimiento,1999.
sábado, 23 de abril de 2011
viernes, 22 de abril de 2011
oraciones y autorretratos
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AUTORRETRATO
Considerad, muchachos,
este gabán de fraile mendicante:
soy profesor en un liceo obscuro,
he perdido la voz haciendo clases.
(Después de todo o nada
hago cuarenta horas semanales).
¿Qué les dice mi cara abofeteada?
¡Verdad que inspira lástima mirarme!
Y qué les sugieren estos zapatos de cura
que envejecieron sin arte ni parte.
En materia de ojos, a tres metros
no reconozco ni a mi propia madre.
¿Qué me sucede? -¡Nada!
me los he arruinado haciendo clases:
la mala luz, el sol,
la venenosa luna miserable.
Y todo ¡para qué!
para ganar un pan imperdonable
duro como la cara de un burgués
y con olor y con sabor a sangre.
¡Para qué hemos nacido como hombres
si nos dan una muerte de animales!
Por el exeso de trabajo, a veces
veo formas extrañas en el aire,
oigo carreras locas,
risas, conversaciones criminales.
Observad estas manos
y estas mejillas blancas de cadáver,
estos escasos pelos que me quedan.
¡Estas negras arrugas infernales!
Sin embargo yo fui tal como ustedes,
joven, lleno de bellos ideales,
soñé fundiendo el cobre
y limando las caras de diamante:
aquí me tienes hoy
detrás de este mesón inconfortable
embrutecido por el sonsonete
de las quinientas horas semanales.
Nicanor Parra (1914)
AUTORRETRATO
Al final de estos brazos unas manos
para tocar por gusto
o acercarle sustento
a la boca que pía.
Igualmente dos piernas acopladas
al tronco: lo pasean
con sus lagares dentro,
con sus filtros y bombas,
sus engranajes sordos.
De perfil me embellecen
un ojo y una oreja, media nariz, dos labios
mitad sobre mitad.
Y duros huesos a los que se enredan
músculos trepadores
regados por la sangre que heredé,
todo cubierto de porosa dermis
mal abrigada por vellosidades.
Pero yo, que habito una región
ignota en el cerebro,
sólo me reconozco íntegramente
en el pene y los testículos:
esos ojos no natos con trompa umbilical,
reliquias ancestrales
de las eras biológicas que confluyen en mí,
pura animalidad que me despierta.
¿Para qué sirvo entonces,
a qué puedo aplicar estos dispositivos,
exactamente qué he venido a hacer?
Vivir, pero además
vivir consciente,
vivir como si solo
fuese real la vida.
Y dar gracias a ciegas
a quienes me engendraron,
gracias al niño que me trajo aquí,
gracias a las muchachas,
al perro que me sigue y a la flor transitoria,
a la llovizna mística, a la luna de agosto,
gracias a los viajes que al llevarme
me hacen creer en casa,
y a las drogas felices, y a las decepciones
que me tienen humilde.
Esto soy. Gracias,
enormemente gracias.
Aunque, en verdad, no era necesario nada de esto,
muchas gracias.
Rafael Espejo (1975)
Violeta Parra, "Gracias a la vida",
Nicanor Parra, Chistes para desorientar a la (p/ol/ic/i/a/) poesía. Visor, 1989.
Rafael Espejo. Nos han dejado solos. Pre-Textos, 2009.
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AUTORRETRATO
Considerad, muchachos,
este gabán de fraile mendicante:
soy profesor en un liceo obscuro,
he perdido la voz haciendo clases.
(Después de todo o nada
hago cuarenta horas semanales).
¿Qué les dice mi cara abofeteada?
¡Verdad que inspira lástima mirarme!
Y qué les sugieren estos zapatos de cura
que envejecieron sin arte ni parte.
En materia de ojos, a tres metros
no reconozco ni a mi propia madre.
¿Qué me sucede? -¡Nada!
me los he arruinado haciendo clases:
la mala luz, el sol,
la venenosa luna miserable.
Y todo ¡para qué!
para ganar un pan imperdonable
duro como la cara de un burgués
y con olor y con sabor a sangre.
¡Para qué hemos nacido como hombres
si nos dan una muerte de animales!
Por el exeso de trabajo, a veces
veo formas extrañas en el aire,
oigo carreras locas,
risas, conversaciones criminales.
Observad estas manos
y estas mejillas blancas de cadáver,
estos escasos pelos que me quedan.
¡Estas negras arrugas infernales!
Sin embargo yo fui tal como ustedes,
joven, lleno de bellos ideales,
soñé fundiendo el cobre
y limando las caras de diamante:
aquí me tienes hoy
detrás de este mesón inconfortable
embrutecido por el sonsonete
de las quinientas horas semanales.
Nicanor Parra (1914)
AUTORRETRATO
Al final de estos brazos unas manos
para tocar por gusto
o acercarle sustento
a la boca que pía.
Igualmente dos piernas acopladas
al tronco: lo pasean
con sus lagares dentro,
con sus filtros y bombas,
sus engranajes sordos.
De perfil me embellecen
un ojo y una oreja, media nariz, dos labios
mitad sobre mitad.
Y duros huesos a los que se enredan
músculos trepadores
regados por la sangre que heredé,
todo cubierto de porosa dermis
mal abrigada por vellosidades.
Pero yo, que habito una región
ignota en el cerebro,
sólo me reconozco íntegramente
en el pene y los testículos:
esos ojos no natos con trompa umbilical,
reliquias ancestrales
de las eras biológicas que confluyen en mí,
pura animalidad que me despierta.
¿Para qué sirvo entonces,
a qué puedo aplicar estos dispositivos,
exactamente qué he venido a hacer?
Vivir, pero además
vivir consciente,
vivir como si solo
fuese real la vida.
Y dar gracias a ciegas
a quienes me engendraron,
gracias al niño que me trajo aquí,
gracias a las muchachas,
al perro que me sigue y a la flor transitoria,
a la llovizna mística, a la luna de agosto,
gracias a los viajes que al llevarme
me hacen creer en casa,
y a las drogas felices, y a las decepciones
que me tienen humilde.
Esto soy. Gracias,
enormemente gracias.
Aunque, en verdad, no era necesario nada de esto,
muchas gracias.
Rafael Espejo (1975)
Violeta Parra, "Gracias a la vida",
Nicanor Parra, Chistes para desorientar a la (p/ol/ic/i/a/) poesía. Visor, 1989.
Rafael Espejo. Nos han dejado solos. Pre-Textos, 2009.
miércoles, 20 de abril de 2011
Un poema de Mauricio Valenzuela (1968-1996)
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10
Estando tranquilo y con olor verde
en la tibia tarde del verano,
y el ruido de los aspersores
que entra por mi ventana.
Vamos todos a cantar con BOB
porque nos dejen en paz ya que aunque estamos
locos y no nos peinamos
y no fregamos los platos como es debido
ni nos conformamos nunca con la división entre
placer y deber, ni hacemos nada
como es debido
porque somos bastante inmaduros y no tenemos
sentido de la responsabilidad ni sentido común,
a pesar de todo esto,
nosotros no matamos a nadie, ni perfeccionamos
misiles, ni leemos el "TIMES",
porque para ser policía o presidente se necesitan
cosas que no tenemos y que no sabemos hacer;
además de lo más importante, y es que no queremos
hacer, como por ejemplo ser lógicos y cuerdos
ser cultos y cuervos
ser diplomáticos y cerdos;
cerdos con corbatas y blancas y amplias sonrisas y
comidas de negocios y neveras modernísimas
y vacaciones con camisas floreadas y todos esos
malditos jerseys a rayas que llenan maletas enteras
que pagan sobrecarga en "Iberia" porque "nos
vamos a Marbella".
Y todos los montones de hijos de todos esos seres
despreciables que lo controlan todo
y que están en todas partes
y que van en motos "vespino"
o en la "250",
motos que no se han hecho ellos mismos a mano
precisamente;
no como el amigo Holley que tenía una "Chopper"
hecha con sus propias manos con cacharros
que encontró en los botes de basura que me
servían de Restaurant cuando aún podían
encontrarse restos alimeneticios allí; pero bueno, no
hay problema porque todo está calculado
y previsto con varios millones de VERANOS de
antelación,
y seguro que al final no pasará nada malo y que
todos, tarde o temprano, abrirán sus ojos
como intento abrirlos yo ahora, aunque a veces me
quede medio dormido y me ponga un jersey
rayado y me beba una "Spritte";
y si algo intenta fallar, siempre está ahí Ferlinghetti
y Allen, e incluso Jacky
y hasta el mismo LOCO
y en último caso los BEATLES
o hasta podría ser que Elvis Presley
o Jimmie Dean,
para recordarnos cual es el Camino Correcto
(aunque lo sean todos o quien sabe)
Mauricio Valenzuela (1968-1996)
De: Mauricio Valenzuela, El aprendiz de brujo. Miss peoress poemass, Casa Doce, Chile, 1996.
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10
Estando tranquilo y con olor verde
en la tibia tarde del verano,
y el ruido de los aspersores
que entra por mi ventana.
Vamos todos a cantar con BOB
porque nos dejen en paz ya que aunque estamos
locos y no nos peinamos
y no fregamos los platos como es debido
ni nos conformamos nunca con la división entre
placer y deber, ni hacemos nada
como es debido
porque somos bastante inmaduros y no tenemos
sentido de la responsabilidad ni sentido común,
a pesar de todo esto,
nosotros no matamos a nadie, ni perfeccionamos
misiles, ni leemos el "TIMES",
porque para ser policía o presidente se necesitan
cosas que no tenemos y que no sabemos hacer;
además de lo más importante, y es que no queremos
hacer, como por ejemplo ser lógicos y cuerdos
ser cultos y cuervos
ser diplomáticos y cerdos;
cerdos con corbatas y blancas y amplias sonrisas y
comidas de negocios y neveras modernísimas
y vacaciones con camisas floreadas y todos esos
malditos jerseys a rayas que llenan maletas enteras
que pagan sobrecarga en "Iberia" porque "nos
vamos a Marbella".
Y todos los montones de hijos de todos esos seres
despreciables que lo controlan todo
y que están en todas partes
y que van en motos "vespino"
o en la "250",
motos que no se han hecho ellos mismos a mano
precisamente;
no como el amigo Holley que tenía una "Chopper"
hecha con sus propias manos con cacharros
que encontró en los botes de basura que me
servían de Restaurant cuando aún podían
encontrarse restos alimeneticios allí; pero bueno, no
hay problema porque todo está calculado
y previsto con varios millones de VERANOS de
antelación,
y seguro que al final no pasará nada malo y que
todos, tarde o temprano, abrirán sus ojos
como intento abrirlos yo ahora, aunque a veces me
quede medio dormido y me ponga un jersey
rayado y me beba una "Spritte";
y si algo intenta fallar, siempre está ahí Ferlinghetti
y Allen, e incluso Jacky
y hasta el mismo LOCO
y en último caso los BEATLES
o hasta podría ser que Elvis Presley
o Jimmie Dean,
para recordarnos cual es el Camino Correcto
(aunque lo sean todos o quien sabe)
Mauricio Valenzuela (1968-1996)
De: Mauricio Valenzuela, El aprendiz de brujo. Miss peoress poemass, Casa Doce, Chile, 1996.
domingo, 17 de abril de 2011
El poema y la bibliografía.
HOJALDRE
Te escuché
sin intención, atento
simplemente
a lo que no me hubieras dicho todavía.
Sonaba semejante a un eco
que viniera de la parte de enfrente
y que fuera lo mismo
y no lo fuera
en ambos casos, como un sueño.
¿Sobre sombras
de… latón?
Una interrogación
es un anzuelo.
BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA:
Platón, La República.
Abelardo, Pedro. Dialéctica.
Freud, Sigmund. La interpretación de los sueños.
Jiménez, Juan Ramón. Eternidades.
Texto e imagen por Jorge Díaz Martínez
sábado, 16 de abril de 2011
Crónica subjetiva de un recital de Carlos Marzal
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De cuando en cuando, me gusta volver a frecuentar el ambiente literario. Tengo un puñado de razones para no hacerlo más a menudo. La primera, y más antigua, es la sencilla confirmación de que los méritos literarios se miden tanto o más en esas relaciones de barra y sociedad que en la propia lectura y escritura de textos, hasta el punto de que la estética que finalmente domina las publicaciones puede pasar no más que por la contrapartida de esas relaciones sociales. Bourdieu dixit. Pero antes, mucho antes de que a mí se me ocurriera ir a leer a Bourdieu, ya había tenido oportunidades sobradas de asquearme y renegar. Pero, en fin, eso fue hace mucho tiempo y hace también bastante que digerí el reverso tenebroso de la literatura. Así que allí nos fuimos, Rafa, Juan Andrés y yo, al recital de Carlos Marzal. Ese día había sido también la presentación de las Obras Completas (Vol. I) de Javier Egea, y a la misma hora había también un recital de María Eloy García, una poeta que sabe lo que dice. Pero el de Marzal formaba parte de un ciclo organizado por la Asociación del Diente de Oro (editan unos “cartones” de papel reciclado), lo cual aseguraba una cierta asistencia de público. Y efectivamente, allí estuvieron Miguel Ángel Arcas, Milena Rodríguez, Daniel Rodríguez Moya, Fernando Valverde, Daniel Cúndari –que presentaba el recital-, Erika Martínez, Ioana Gruia y bastantes más. Algunos venían de los otros recitales, como Erika, y en cambio otros no hubieran ido a según cual ni aunque les pagaran, y es que genera mucha animosidad la literatura. Cambiemos de tema. El recital bien, con micrófono. Y el local muy bien, muy blanco luminoso, espacioso, con tapas de diseño y cuadros de galería y señores con corbata a los que hay que pedir que hablen más bajito durante la lectura. Estoy pensando que aquí no van a venir los municipales a pedir una licencia de espectáculos y poner multas de 6.300 euros o clausurar el local, como sí ha ocurrido en el SugarPop, en el Entresuelo o en el Pub Peatón, en este último por hacer básicamente lo mismo que se está haciendo aquí. Cosas de estética e ideología, presumiblemente. Cambiemos de tema. Me sorprendió que Marzal se acordara de mí. Se acordaba, no de los recitales, sino de una fiesta en la terraza de Fany, con Vicente Gallego. Y Rafa me decía que sí con la cabeza. Desde luego, en esa terraza hicimos algunas fiestas, de eso sí que me acuerdo. Vaya memoria -tuve que admitir-, mientras pensaba en el título de su primer poemario, El último de la fiesta, y admiraba su camisa ajustada de colores en tanto que él me echaba una firmita, no sin antes preguntarme ¿tú eres de la panda, no? Y qué memoria, pensaba. O qué imaginación. Me parece que me ha confundido con Xavi. Claro que más memoria y más sorpresa cuando Alejandro Pedregosa me explicó que se acordaba de mí de los tiempos de la facultad y que yo había publicado en Letra Clara, y que él tenía muy buena memoria para las caras. Y tan buena, porque de eso hace ya doce años, cuando Letra Clara la dirigía Andrés Neuman.
Al final, el recital fue la excusa, como todos esperaban, para codearse al ritmo de los brindis entre escritores, periodistas, académicos y afines. O incluso para tirar la caña, por qué no, que ya estamos en abril y hay mucha oveja suelta. Un codearse que se alarga en ocasiones hasta la hora en que empiezan a abrir las churrerías. No en mi caso, que hace años que dejé de castigar a mi hígado y pulmones. Y esa es la otra razón, y puede que principal, por la que los recitales dejaron de reportarme el atractivo que a muchos aún les sirve de reclamo. Yo bebo mosto de manzana, y a partir de cierta hora nadie más bebe mosto de manzana, y hasta alguno hay que empieza a cepillarse los dientes con el dedo. De vuelta a casa, todavía antes de la una, me encontré con la novia de Pedro, mi amigo "el albañil intelectual". Estaba pasando frío, de pie, apurando el cigarrillo del descanso. Esta chica está escribiendo una tesis de geología y, por lo visto, a la vez trabaja en un restaurante. Le di dos besos. Después, en Calle Elvira, me encontré con otro amigo y me habló, con razón, de mi peinado. Y mientras Edu me hablaba del último poema a boli que había colgado en la barra de El Cascabel, salieron del bar de enfrente tres maromos dándole hostias a "un moro", y no pararon hasta el Arco del Elvira. Entré al Casca y cuando se despejó el humo, eché a andar y llegué a casa.
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De cuando en cuando, me gusta volver a frecuentar el ambiente literario. Tengo un puñado de razones para no hacerlo más a menudo. La primera, y más antigua, es la sencilla confirmación de que los méritos literarios se miden tanto o más en esas relaciones de barra y sociedad que en la propia lectura y escritura de textos, hasta el punto de que la estética que finalmente domina las publicaciones puede pasar no más que por la contrapartida de esas relaciones sociales. Bourdieu dixit. Pero antes, mucho antes de que a mí se me ocurriera ir a leer a Bourdieu, ya había tenido oportunidades sobradas de asquearme y renegar. Pero, en fin, eso fue hace mucho tiempo y hace también bastante que digerí el reverso tenebroso de la literatura. Así que allí nos fuimos, Rafa, Juan Andrés y yo, al recital de Carlos Marzal. Ese día había sido también la presentación de las Obras Completas (Vol. I) de Javier Egea, y a la misma hora había también un recital de María Eloy García, una poeta que sabe lo que dice. Pero el de Marzal formaba parte de un ciclo organizado por la Asociación del Diente de Oro (editan unos “cartones” de papel reciclado), lo cual aseguraba una cierta asistencia de público. Y efectivamente, allí estuvieron Miguel Ángel Arcas, Milena Rodríguez, Daniel Rodríguez Moya, Fernando Valverde, Daniel Cúndari –que presentaba el recital-, Erika Martínez, Ioana Gruia y bastantes más. Algunos venían de los otros recitales, como Erika, y en cambio otros no hubieran ido a según cual ni aunque les pagaran, y es que genera mucha animosidad la literatura. Cambiemos de tema. El recital bien, con micrófono. Y el local muy bien, muy blanco luminoso, espacioso, con tapas de diseño y cuadros de galería y señores con corbata a los que hay que pedir que hablen más bajito durante la lectura. Estoy pensando que aquí no van a venir los municipales a pedir una licencia de espectáculos y poner multas de 6.300 euros o clausurar el local, como sí ha ocurrido en el SugarPop, en el Entresuelo o en el Pub Peatón, en este último por hacer básicamente lo mismo que se está haciendo aquí. Cosas de estética e ideología, presumiblemente. Cambiemos de tema. Me sorprendió que Marzal se acordara de mí. Se acordaba, no de los recitales, sino de una fiesta en la terraza de Fany, con Vicente Gallego. Y Rafa me decía que sí con la cabeza. Desde luego, en esa terraza hicimos algunas fiestas, de eso sí que me acuerdo. Vaya memoria -tuve que admitir-, mientras pensaba en el título de su primer poemario, El último de la fiesta, y admiraba su camisa ajustada de colores en tanto que él me echaba una firmita, no sin antes preguntarme ¿tú eres de la panda, no? Y qué memoria, pensaba. O qué imaginación. Me parece que me ha confundido con Xavi. Claro que más memoria y más sorpresa cuando Alejandro Pedregosa me explicó que se acordaba de mí de los tiempos de la facultad y que yo había publicado en Letra Clara, y que él tenía muy buena memoria para las caras. Y tan buena, porque de eso hace ya doce años, cuando Letra Clara la dirigía Andrés Neuman.
Al final, el recital fue la excusa, como todos esperaban, para codearse al ritmo de los brindis entre escritores, periodistas, académicos y afines. O incluso para tirar la caña, por qué no, que ya estamos en abril y hay mucha oveja suelta. Un codearse que se alarga en ocasiones hasta la hora en que empiezan a abrir las churrerías. No en mi caso, que hace años que dejé de castigar a mi hígado y pulmones. Y esa es la otra razón, y puede que principal, por la que los recitales dejaron de reportarme el atractivo que a muchos aún les sirve de reclamo. Yo bebo mosto de manzana, y a partir de cierta hora nadie más bebe mosto de manzana, y hasta alguno hay que empieza a cepillarse los dientes con el dedo. De vuelta a casa, todavía antes de la una, me encontré con la novia de Pedro, mi amigo "el albañil intelectual". Estaba pasando frío, de pie, apurando el cigarrillo del descanso. Esta chica está escribiendo una tesis de geología y, por lo visto, a la vez trabaja en un restaurante. Le di dos besos. Después, en Calle Elvira, me encontré con otro amigo y me habló, con razón, de mi peinado. Y mientras Edu me hablaba del último poema a boli que había colgado en la barra de El Cascabel, salieron del bar de enfrente tres maromos dándole hostias a "un moro", y no pararon hasta el Arco del Elvira. Entré al Casca y cuando se despejó el humo, eché a andar y llegué a casa.
viernes, 15 de abril de 2011
EL PLACER COMO NECESIDAD
EL PLACER COMO NECESIDAD
Escribo por placer. Pero no siempre fue así. Obviando las operaciones escolares, mis primeras tentativas poéticas se debieron a una combinación de función emotiva y utilitarismo: eran cartas de amor. En realidad, un plagio, fruto del espionaje fraternal, de otras cartas de amor. Recuerdo la indignación que me causó, poco tiempo después, descubrir que esas cartas que había tan celosamente imitado eran a su vez una imitación bastante fidedigna de las Elegías de Sandua de Ricardo Molina. A pesar de aquella ausencia del original, no dudé en lanzarme a la búsqueda de esa originalidad, experimentando también la necesidad de sincerarme conmigo y con el mundo, aunque en secreto. Un ocultismo que tuvo que disolverse mientras anunciaban por el micrófono que había resultado ganador del premio del instituto y debía salir a recitar, delante de cientos de compañeros, una de mis íntimas diatribas medioambientales. Lo que sigue sería un poco largo y no tenemos tiempo de extendernos, pero creo que esto basta para ejemplificar algunas de las claves que a día de hoy me siguen importando: el sentido de canonicidad, tradición e individualización, la gestión institucional entre lo privado y lo público, o la escritura como un ejercicio que rara vez atiende a una preocupación exclusivamente estética.
Pero, ¿por qué un estilo? ¿y por qué este empeño en el arte? Reconozcamos, en primer lugar, que el arte posee varias raíces. A mí me interesa la que proviene del ritual. Es decir, un ajuste necesario, una reorganización y una dotación de sentido a través de una intensidad inusitada, sea cíclica o puntual, individual o social. Según Hauser, estos procedimientos se vincularon al arte ya durante el Paleolítico. Una estructura semejante, la de reparación, puede verse en el alma de los cuentos populares rusos, como nos muestra Propp. Dentro de esta noción, las elecciones de estilo implicarían, se sepa o no, una filosofía y un posicionamiento que serían, tal vez, sólo diferentes modos de afrontar una misma carencia mitológica.
Pero, ¿por qué un estilo? ¿y por qué este empeño en el arte? Reconozcamos, en primer lugar, que el arte posee varias raíces. A mí me interesa la que proviene del ritual. Es decir, un ajuste necesario, una reorganización y una dotación de sentido a través de una intensidad inusitada, sea cíclica o puntual, individual o social. Según Hauser, estos procedimientos se vincularon al arte ya durante el Paleolítico. Una estructura semejante, la de reparación, puede verse en el alma de los cuentos populares rusos, como nos muestra Propp. Dentro de esta noción, las elecciones de estilo implicarían, se sepa o no, una filosofía y un posicionamiento que serían, tal vez, sólo diferentes modos de afrontar una misma carencia mitológica.
Jorge Díaz Martínez
jueves, 14 de abril de 2011
Presentes
Gracias a J. A. Bernier y Ana Alvea por sus presentes.
REVISITANDO EL CANÓN
Dicen los poetas de ayer que inventaron mis palabras, el agua por la nariz,
la monedita con la imagen rabiosa del Ché a tres por uno, que rescataron
el gaveto dicen, pero en la fuga de arroz lo deforman. Ayuno y oración, ayuno
y tocador para que el curralo salga, ayuno y mala memoria.
Los poetas de ayer somos nosotros, es decir, están en mí creando
un vacío, un soplo para que no cambie los horcones de la casa
para que no pasen las reses del general Rabí a comer la hierba
de las coperativas. Están en mí, comparten el aire salinoso que el mar estruja
en la pantalla, pero los poetas de ayer se dividieron en dos bandos, en dos orillas que no pertenecen al poema, sino a las vacas que apuran
el cuchillo en los pastizales.
Los poetas de hoy tienen la culpa por inventarse un lobo (dicen)
por cambiarse los poemas de cabeza, broder, de cabeza. Así la dispersión y la fe
no atinan a definir el grito que no queremos ser
la bala en el horizonte, el negro en el aire acortando distancias para no militar
en dos orillas cuando basta con una: la mía.
Los poetas de ayer ahuyentaron al lobo y qué es el poeta sin un colmillo que lo saje, qué son las palabras frente al tocador, sin el lobo necesario que le mida la voz.
Los poetas de hoy conocen a los poetas de ayer... ¡que si los conocen!
EDUARD ENCINA RAMÍREZ (1973- ... )
ELLOS
Andan por los cafés.
Ellos.
Tienen la risa exacta que les ordena el tiempo.
En el ojo mortal de la chaqueta antigua
un sangriento clavel como recuerdo.
Es tan claro el arquero de los años pasados
que, entre dardos de duelo,
se les vuelve diana el corazón.
Como recuerdo.
Perfecto tiro al blanco para un blanco perfecto.
Siempre recién salidos de la casa,
andan por los cafés
y hablan del amor
como el que nunca supo de qué hablar.
Yo espero cada noche
que un lirio hermoso y joven
les destroce la lengua.
JAVIER EGEA (1952-1999)
Poema "Revisitando el canon", de Eduard Encina Ramírez, en: BERNIER, J.A. y FERNÁNDEZ, Fruela. (Ed.) 2011. Dejar atrás el agua. Nueve nuevos poetas cubanos. La Bella Varsovia, pp. 47 y 48.
Poema "Ellos", de Javier Egea, en: ALCÁNTARA, J.L. y HERNÁNDEZ GARCÍA, J.A. (Ed.) 2011. Poesía completa (Vol. I). Bartleby Editores, p. 169.
miércoles, 13 de abril de 2011
Los poemas que gustaron
POR LO MENOS, sobre el tablero conoces
las reglas: hay que desarrollar las piezas,
no malgastar tiempos, cuidar el cronómetro,
dominar el centro,
enrocarse pronto
y andar con prudencia.
A veces, es necesario hacer un sacrificio.
Precipitarse al tomar las decisiones
o confiarse demasiado ante un rival
más débil, son errores fatales.
También se aconseja
medir las variantes,
mantener la calma
y saber cambiar.
Aún más importante, a pesar de todo,
es saber perder.
Jorge Díaz Martínez
lunes, 11 de abril de 2011
a weekend on the road
8 abril 2011. Me despierto temprano, agradecido de haber podido dormir unas horitas. Hago el Saludo al Sol y me hago una infu mientras Vero desayuna, luego vamos al banco, volvemos y hacemos el equipaje. Conectamos la batería del Ford, le ponemos gasolina y una cinta de jazz. Mi Ford: hay que desconectar la batería cada vez que se aparca para que luego arranque, el maletero no cierra, la puerta del conductor no abre, todo así. Le advierto a Vero que va a estar divertido llegar con toda la calor y el tráfico bocinero de Sevilla, sin saber para donde tirar. La idea es aparcar en Torneo, pero nunca llegamos a Torneo, cada vez que preguntamos nos indican que vamos en la otra dirección. Un termómetro indica 37º a las 15´30h. Pero después de mucho marear el cubilete, por fin tiramos los dados y tenemos suerte. Es un parquin muy céntrico, junto a la universidad. El marroquí me dice que hace calor. Le miro extrañado y le respondo que hace fresquito. Se ríe y además le doy propina, porque aunque mi Ford sea viejo y destartalado le tengo mucho cariño. Casi tanto como él a los talleres.
Andamos por un paseo y vemos el nuevo tranvía. A lo mejor es el metro que decían que iban a poner. En la oficina de turismo nos dan un plano y al lado de la oficina de turismo está la Catedral, y al lado de la Catedral (es un decir) nuestra reserva. Dejamos las cosas en el hostal y creo que son las cuatro cuando llegamos a un parquecito y abrimos el táper de salmorejo. Volvemos a las cinco y caemos en la siesta. A las siete y media me despierta el móvil. Es Ana Alvea, que dice que ahora me llama, cuando aparque. Salgo de la ducha y quedamos allí directamente. Perdona, ¿el Corral del Carbón? Será La Carbonería. Eso. Mira, esa puerta roja ahí es. Ana todavía no ha llegado, pero está Pedro Lérida, organizador de Poesía Nadadora, departiendo con David Postigo, el pianista. Y llega Ana, que me regala el primer tomo de las obras completas de Javier Egea, editadas en Bartleby. Soy un desastre, porque yo no le he traído nada. Hay también un cantautor, Fernando Massia, que va tocar unos temas propios. Llega Martín Lucía, coeditor de Ediciones En Huida. Ya hay bastante público y el recital va muy bien, como si lo hubiéramos ensayado, y el acompañamiento del piano logra una atmósfera especial. Durante mi turno, el público aplaude “Crimen y castigo”, precisamente el poema que más reparo me causaba leer. Cuando acabamos, se forman los corrillos, las dedicatorias y las presentaciones. Fernando, que ha tenido una gran actuación, nos deja probar su acústica y los turistas nos preguntan por el tablao flamenco. En Granada está prohibido tocar en la calle. Fernando dice que eso aquí sería imposible. Al final, conseguimos convencernos para tomar unas tapas. Estoy sentado a la derecha de Pedro y a la izquierda de Ana. Alguien me pide el poema del ajedrez para su sobrino y comentamos el recital, pero paso la mayor parte del tiempo charlando con Pedro Lérida. Me impresiona su manera de entender la labor editorial, su compromiso. Pero sobre todo, le quedo muy agradecido a Ana, pues sé que sin ella mi participación no hubiera tenido lugar.
Regresamos con Javier Egea, una colección de poemas-postal editada por La Carbonería, una revista de Ediciones En Huida y un poto.
9 de abril. Las paredes del hostal son de papel. Le digo a Vero que vamos a desayunar un pan tumaca. ¿Qué es eso? Unas tostadas de tomate. Vemos pasar el tranvía. ¿Eso es un poto, no? Pregunta el camarero. Yo el tranvía lo veo más para el siglo XIX. Gaudí murió atropellado por un tranvía. Ya lo sé, hice un trabajo sobre Gaudí. Nos sirven dos tostadas mal tostadas, con un chorreón de aceite y, en una media sí y en la otra no, dos rodajas de tomate. Quillo, ¿esto lo normal no es poner el tomate triturado? Bueno, hay gente que lo pide triturado y gente que lo pide así. Yo esto es la primera vez que lo veo en Sevilla, vamos. A los cinco minutos nos trae las mismas tostadas, sin las rodajas, con unas tarrinitas individuales de tomate natural triturado sin colorantes ni conservantes. Ni fecha de caducidad. ¿Tienen sal? Luego le digo a Vero que de este sitio no me importaría irme sin pagar. Hay una araña en el servilletero. A mí las arañas me caen simpáticas, no es broma, y le hago fotos. Luego nos hacemos fotos nosotros. Luego llamamos al camarero para que nos traiga la cuenta y se hace el sordo. Después de un rato de esperar, nos ponemos de pie y nos ponemos las mochilas. Yo llevo el poto en una mano. Le digo a Vero: ven, que nos vamos a ir sin pagar.
Echamos gasolina y preguntamos por la salida para Córdoba. Por el camino llama Javi que pregunta si vamos a llegar para comer. Comemos en familia y luego necesitamos una siesta. El plan es ir a las 18´00h a la presentación de la Poesía Completa y el Diario de Juan Bernier, (Pre-Textos) y a las 19´00h a la presentación de la antología Nueve nuevos poetas cubanos (La Bella Varsovia), pero cuando despertamos son las 18´40h. Nos duchamos deprisa y aparcamos al final del Puente Romano. Cuando llegamos a Rey Heredia son ya las ocho menos diez.
Vamos a ahorrar detalles. Reencontrar a los amigos distantes y que te presenten a otros nuevos. Dar las enhorabuenas merecidas. Cenar en La Corredera. Quedar para más tarde. Darnos tiempo. El gusto de charlar, por ejemplo, con Paca, la editora de Vida de Pablo, y que te diga que ya están reimprimiendo. De comprobar que Laura Rosal es espontáneamente encantadora. De que Neuman desglose la etimología de la versión que están pinchando ahora mismo. De que Bernier te diga que ahora es un personaje de novela. De que el próximo libro de David Leo García se llame Dime qué. De que Rafa Espejo y Andrés Navarro no estén seguros de si van a salir esta noche. De Juan Carlos Abril hablando por el móvil. De la mayor aglomeración de poetas por metro cuadrado del mundo en la puerta de El Automático y que pare un coche de policía y todo el mundo para dentro. De que Erika Martínez venga de París. De Carlos y María Jesús paseando cerca de la Mezquita. De Chivite y Marta Merino tomando cañas. De que Antúnez se haya hecho un blog. De que Bernier me regale un ejemplar de Nueve nuevos poetas cubanos. De Veronika diciéndome que sólo hablamos de que si este ha publicado un libro y de que si esta editorial... De que Manolo Garcés me pregunte por la revista y Raúl Alonso se preste a resucitarla. De Elena Medel y Alejandra Vanessa ofreciendo a probar un silbato de despida de soltera. Y caras, muchas caras de poetas, editores, ilustradores o lo que sea, que conozco de fotos pero que nadie me ha presentado todavía, muchas de ellas claramente afectadas por el síndrome de “aquí está todo el mundo”. Alberto Guerrero quedando con su novia. Fernando Vacas que luce una barba de náufrago. Bea Sánchez pensándose si tomarse otra. Gómez Losada que preferiría ir a La Amapola. De repente entra un grupo de colgados con una luz de sirena, aullando y bailando espasmódicamente. Promocionan un sello de papel de fumar. Salimos y re-regalamos los que nos han dado. Le digo a Leo que lo siento, que me siento como si les estuviera incitando a la drogadicción, pero no le parece suficiente.
10 de abril. Nos levantamos tarde y pasamos la mañana haciendo Chan Kong, en familia, tocando la guitarra y poco más. Después de almorzar, organizar nuestro selecto equipaje. Despedidas, abrazos, gasolina y la carretera vieja.
Hemos vuelto escuchando Ay Dalai, de Mecano, y unas fugas de Bach. Aparcamos muy cerca de casita, colocamos el poto sobre el televisor y luego lo bautizamos. Queda bien.
Fotos por Veronika Macku y Jorge Díaz Martínez
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