viernes, 27 de enero de 2012

Fresy cool













Recuerdo a un locutor de Radio 3, cuando todavía me ponía Radio 3, presumir de que, después de haber escuchado miles de ellas, le bastaba con oír los primeros compases de una maqueta para saber si merecía la pena o no. A nosotros nos pasa lo mismo con la literatura. Sí, a mucha gente nos pasa esto. Es suficiente con las primeras páginas para saber si una narrativa tiene o no tiene swing.




La de un ojo que aprehende los pósteres de grupos musicales y cine que hizo historia en la década de los noventa, las baterías de libros sobre el suelo como señal más o menos entrañable de una apuesta hacia la cultura indie; desplegada, la agenda para el mes de enero que el CBA ha programado en esta ciudad, los recortes de periódicos clavados en el corcho, el Staedtler Lumocolor, los vasos con poso de café y té repartidos por estanterías y mesitas, y la bufanda de un equipo deportivo colgada en la silla giratoria como jarro de agua fría.



Fresy cool
Antonio J. Rodríguez
Mondadori, 2012.



Unas horas después, he tenido hueco para seguir leyendo, sólo un capítulo más. Lo del swing se queda corto. Me imagino que el librito generará polémicas, envidias, y etc. O tal vez no. Desde luego, no va a pasar indiferente. Personalmente, opino que una narrativa como esta, en la que... (si digo algo, será en otro lugaro y bien pensado) pues que está mejor que bien. La definiría incluso como "justa y necesaria". Nada que pueda mostrar con una cita. Y ya me callo.